Durante siglos existió un espacio cultural hispánico que se extendía por Europa, América, África y Asia. A pesar de las enormes distancias, millones de personas compartían una misma lengua, instituciones comunes, intercambios comerciales constantes y una circulación permanente de personas, ideas y productos.
Las independencias del siglo XIX fragmentaron ese espacio. Los nuevos Estados construyeron sus propias identidades nacionales y, poco a poco, comenzaron a mirarse más a sí mismos que entre ellos tratando de distanciarse y separarse con cuestiones puramente artificiales. Durante generaciones, las conexiones culturales entre España y el resto del mundo hispánico se debilitaron.
Un español sabía poco sobre Argentina. Un mexicano sabía poco sobre Perú. Un chileno apenas consumía contenido producido en España. La lengua seguía siendo la misma, pero las comunidades se fueron aislando culturalmente. Ahora bien, esto ya no es así:
Por primera vez en doscientos años, cientos de millones de hispanohablantes vuelven a compartir el mismo espacio comunicativo. No se trata únicamente de que podamos hablar entre nosotros. Se trata de que consumimos los mismos contenidos, seguimos a los mismos creadores, comentamos los mismos acontecimientos y participamos en conversaciones comunes que atraviesan todo el mundo hispánico.
Un canal de YouTube español puede tener más audiencia en México que en España. Un streamer argentino puede reunir espectadores desde Miami hasta Santiago de Chile. Un podcast colombiano puede ser escuchado simultáneamente en Madrid, Lima, Monterrey o Buenos Aires. Lo más interesante es que esta reconexión está empezando a producir efectos culturales visibles:
Hace apenas veinte años muchas expresiones utilizadas en otros países hispanohablantes sonaban completamente extrañas. Hoy millones de jóvenes entienden palabras argentinas, mexicanas, colombianas o españolas sin necesidad de explicaciones. No se dejan de lado la jerga territorial pero si se está recuperando de manera orgánica la homogeneidad del idioma.
Términos, bromas, memes y expresiones cruzan constantemente el Atlántico. Palabras que antes pertenecían a un país concreto empiezan a ser comprendidas por todos. No significa que desaparezcan los acentos o las diferencias regionales. Significa que cada vez entendemos mejor las formas de hablar de los demás.
Lo mismo ocurre con las referencias culturales. Un creador argentino puede convertirse en una figura conocida en toda Hispanoamérica y España. Un cantante puertorriqueño puede dominar las listas de reproducción desde California hasta la Patagonia. Un divulgador español puede ser seguido por millones de personas al otro lado del océano.
Estamos viendo surgir una esfera cultural hispánica que ya no depende de gobiernos, tratados ni instituciones. Surge de manera espontánea porque compartimos una lengua que permite una comunicación inmediata entre más de 500 millones de personas.
El caso de las batallas de rap es especialmente interesante. Las mayores competiciones de freestyle del mundo se desarrollan en español. Participan españoles, mexicanos, argentinos, chilenos, peruanos, colombianos o uruguayos que pueden enfrentarse entre sí sin necesidad de traducción alguna. Millones de espectadores entienden referencias, juegos de palabras y dobles sentidos independientemente de su país de origen. Pocas comunidades lingüísticas poseen un espacio cultural compartido de semejante tamaño.
Lo que estamos viendo recuerda, de alguna manera, a lo que ocurrió durante la época de las grandes rutas comerciales hispánicas. Entonces fueron los galeones los que transportaban personas, mercancías e ideas entre continentes. Hoy son los cables submarinos, las plataformas digitales y las redes sociales los que cumplen esa función.
La diferencia es que nunca antes había sido tan fácil para un español conversar con un mexicano, para un colombiano colaborar con un argentino o para un peruano compartir contenido con millones de personas repartidas por todo el mundo. Muchos observan internet únicamente como una revolución tecnológica.
Quizá dentro de unas décadas se vea de otra forma.
Quizá se recuerde como el momento en que el mundo hispánico, después de dos siglos de fragmentación, volvió a encontrarse a sí mismo.

Deja un comentario