La persecución del soberanismo: ACOM ataca a Rubén Gisbert y Pedro baños

¿Qué es ACOM y por qué debemos hablar de su influencia en España?

En España se está produciendo un debate que no debería ser silenciado: ¿hasta dónde llega la influencia de las organizaciones proisraelíes en nuestra política, nuestros medios de comunicación y nuestro debate público?

Una de las organizaciones más importantes en este ámbito es ACOM, Acción y Comunicación sobre Oriente Medio. No es una organización clandestina ni una entidad desconocida. Está inscrita en el Registro de Grupos de Interés de la CNMC y declara entre sus objetivos estrechar las relaciones entre España e Israel, aumentar la relación política y social entre ambos países y potenciar las relaciones económicas y empresariales entre España, Israel y la Unión Europea. La propia ACOM explica que trabaja con el Gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil y que organiza encuentros entre diputados y senadores españoles y sus homólogos israelíes. (Registro de Grupos de Interés)

Por tanto, hablar de ACOM no significa hablar de los judíos españoles. Son cosas completamente diferentes. Una organización política, un lobby o un grupo de interés debe ser juzgado por sus actividades, sus relaciones y sus objetivos, independientemente de la religión de las personas que formen parte de él.

David Hatchwell y el entorno proisraelí

Dentro de este entorno aparece también David Hatchwell, empresario y cofundador de ACOM, además de presidente de la Fundación HispanoJudía. Su figura está vinculada desde hace años a iniciativas destinadas a reforzar las relaciones entre España e Israel.

Existen además registros públicos y fotografías que muestran relaciones con diferentes dirigentes y partidos españoles. La cuestión que debemos plantearnos como españoles no es qué religión profesa una determinada persona, sino qué influencia política tiene, con quién se reúne, qué relaciones mantiene y qué intereses promueve dentro de España.

Hay documentación periodística sobre las relaciones de Hatchwell y ACOM con dirigentes del PP y Vox, así como sobre su relación con Isabel Díaz Ayuso y otros actores políticos. También existen informaciones sobre ayudas públicas concedidas a proyectos vinculados a su entorno empresarial, cuestiones que merecen transparencia y escrutinio público. (infoLibre)

Y precisamente por eso, si hablamos de soberanía, tenemos que aplicar el mismo criterio a todos. Si cuestionamos la influencia marroquí, estadounidense, europea o de cualquier otro país sobre España, también tenemos derecho a analizar la influencia de organizaciones que trabajan para fortalecer los vínculos políticos entre España e Israel.

Pedro Baños y Rubén Gisbert

En las últimas semanas ACOM ha dado un paso más y ha anunciado acciones judiciales contra Pedro Baños y Rubén Gisbert.

Pedro Baños

Pedro Baños ha sido durante años una de las voces españolas más críticas con determinadas líneas de la política exterior occidental. Cuando cuestionó la narrativa dominante sobre Rusia y defendió una visión de las relaciones internacionales basada en los intereses nacionales, fue señalado públicamente como «prorruso».

Hoy, por sus posiciones críticas con Israel y el sionismo, ACOM le acusa de antisemitismo y ha anunciado acciones judiciales contra él. Pero criticar al Estado de Israel, al sionismo político o a la influencia de organizaciones proisraelíes en España no equivale a odiar al pueblo judío ni a atacar la religión judía. Baños ha defendido una España capaz de decidir por sí misma su política exterior y de analizar los conflictos desde el interés nacional, aunque podamos discrepar de algunas de sus afirmaciones:

Lo preocupante es que, cuando una persona cuestiona determinadas posiciones geopolíticas, el debate pueda desplazarse rápidamente desde sus argumentos hacia etiquetas destinadas a desacreditarla. Primero «prorruso», ahora «antisemita»: ¿cuántas etiquetas más tendrán que utilizarse para evitar debatir sobre soberanía, intereses nacionales y política exterior?

Rubén Gisbert

Gisbert ha cuestionado públicamente la influencia política del sionismo, las relaciones entre Israel y España y el papel de determinadas organizaciones proisraelíes en nuestro país. ACOM ha anunciado acciones legales contra él por presunta incitación al odio y negacionismo del Holocausto.

Nos encontramos en un punto en el que cualquier crítica a Israel o al sionismo en antisemitismo. Se puede respetar al pueblo judío y, al mismo tiempo, rechazar las políticas del Gobierno israelí, oponerse al sionismo político y expulsar cualquier lobby que no defienda los intereses de los españoles.

 Gisbert, al igual que Baños, ha construido buena parte de su discurso alrededor de la soberanía nacional y del cuestionamiento de las estructuras de poder que considera contrarias a los intereses de España. Cualquier organización que ejerza influencia política debe ser examinada, criticada y cuestionada públicamente, independientemente de quién la financie, a quién represente o qué Estado extranjero defienda.

Criticar al Gobierno de Israel no convierte a nadie en antisemita. Criticar el sionismo no convierte a nadie en antisemita. Criticar a ACOM tampoco convierte a nadie en antisemita. Y cuestionar la influencia política de una organización proisraelí tampoco debería convertir automáticamente una crítica política en un ataque contra todos los judíos.

El antisemitismo consiste en atacar o discriminar a personas por ser judías. La crítica política a un Estado, a un Gobierno, a una ideología política o a una organización concreta pertenece a otro terreno.

La cuestión de fondo: la soberanía española

Porque el verdadero debate que nos interesa debería ser mucho más amplio.

  • ¿Quién influye en las decisiones que se toman en España?
  • ¿Quién tiene acceso a nuestros políticos?
  • ¿Quién organiza encuentros con diputados y senadores?
  • ¿Quién intenta condicionar el relato de los medios?
  • ¿Quién financia determinadas iniciativas?
  • ¿Quién establece relaciones privilegiadas con determinados partidos?
  • ¿Y qué intereses extranjeros o internacionales se encuentran detrás?

Estas preguntas deberían poder hacerse sobre Marruecos, Estados Unidos, Israel, la Unión Europea, grandes multinacionales, fondos de inversión o cualquier otro actor extranjero, sin que automáticamente se conviertan en una cuestión religiosa.

España es un país soberano. Y precisamente por eso, ningún Estado extranjero debería tener un trato privilegiado en nuestro debate político.

Defender España no exige odiar a ningún pueblo.

Un español puede respetar perfectamente al pueblo judío, su cultura, su religión y a los ciudadanos españoles de origen judío y, al mismo tiempo, oponerse frontalmente a determinadas políticas del Estado de Israel, al sionismo político o a la influencia que determinadas organizaciones proisraelíes puedan ejercer en España.

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