Cuando se habla de petróleo en España, pensamos en la dependencia que tenemos del exterior para suplir de este recurso a nuestras refinerías. Sin embargo, existe una historia bastante menos conocida: durante décadas España buscó hidrocarburos en su propio territorio y llegó a explotar un campo petrolífero en Burgos durante medio siglo. Se trata de Ayoluengo, en Sargentes de la Lora, la única explotación petrolífera terrestre que ha existido en España.
En la provincia de Burgos ya existían indicios de hidrocarburos desde mucho antes y se habían realizado numerosos trabajos de investigación. De hecho, Ayoluengo-1 fue aproximadamente el sondeo número 101 realizado en España en búsqueda de petróleo, lo que demuestra que el descubrimiento fue el resultado de décadas de exploración y de una estrategia geológica mucho más amplia.
CAMPSA, Chevron y Texaco
El salto importante llegó en los años cincuenta y sesenta, cuando CAMPSA comenzó a trabajar junto con compañías petroleras estadounidenses. Para las prospecciones de la zona se creó AMOSPAIN, en la que participaban CAMPSA y las compañías norteamericanas que posteriormente aparecen como CALSPAIN y TEXSPAIN. Los estudios geológicos y las campañas sísmicas permitieron identificar una estructura especialmente prometedora en La Lora: el anticlinal de Ayoluengo.
El 5 de mayo de 1964 comenzó la perforación del Ayoluengo-1. El objetivo inicial era alcanzar mucha mayor profundidad, pero el petróleo apareció bastante antes de lo esperado. El 6 de junio, a unos 1.350 metros de profundidad, se encontró una capa de arenisca con petróleo y gas. Durante las primeras pruebas el pozo llegó a producir alrededor de 80 barriles diarios, y aquel descubrimiento convirtió a Ayoluengo en el primer y de momento, último campo petrolífero terrestre productivo de España.
El hallazgo despertó enormes expectativas. España era entonces cada vez más dependiente del petróleo exterior y disponer de una producción propia tenía un evidente valor estratégico y geopolitico. Se estudiaron incluso alternativas para transportar el crudo hacia Bilbao y llegó a plantearse la posibilidad de construir una refinería en Burgos. Finalmente se construyó un oleoducto de unos 11 kilómetros hasta una estación de carga situada junto a la carretera Burgos-Santander.
El campo llegó a producir miles de barriles diarios
La explotación comercial comenzó en 1967 y la producción aumentó rápidamente. El máximo se alcanzó en 1969, cuando Ayoluengo llegó a producir alrededor de 5.200 barriles diarios. Para hacernos una idea, eran aproximadamente 825.000 litros de petróleo cada día.
Aunque los números suenen, en principio abundantes, el yacimiento tenía una limitación fundamental:no era un gran campo petrolífero continuo. Las reservas estaban mucho más fragmentadas de lo que inicialmente se esperaba y la explotación resultaba progresivamente más complicada. Un informe del IGME de 1967 calculaba unas reservas recuperables de aproximadamente 2,5 millones de toneladas y señalaba además problemas importantes con el transporte y el refino del crudo. Su contenido en arsénico impedía procesarlo en la refinería de La Coruña y obligaba a enviarlo hasta Escombreras.
Esto explica buena parte de la historia posterior. Ayoluengo tenía petróleo, pero no tenía las dimensiones ni las características de los grandes campos que podían transformar por sí solos la balanza energética de un país.
¿Cuánto aportó realmente a España?
Los datos históricos permiten ponerlo en perspectiva. En 1969, su año de máxima producción, Ayoluengo produjo unos 229.000 toneladas de crudo. En 1972 produjo alrededor de 140.000 toneladas y una documentación técnica de la época estimaba que los 138.085 toneladas producidas aquel año representaban aproximadamente el 0,4 % del consumo español de petróleo.
Es decir, Ayoluengo nunca iba a convertir a España en una potencia petrolera. Pero esa no es la parte más interesante de la historia. Lo importante es que España fue capaz de localizar un recurso energético propio, desarrollar una explotación industrial, construir las infraestructuras necesarias para transportarlo y mantener la producción durante décadas.
Y la producción no terminó en los años setenta. El campo continuó funcionando durante aproximadamente medio siglo, aunque con una producción cada vez menor. Según la documentación divulgativa de Sargentes de la Lora, desde el comienzo de la explotación hasta el cierre se extrajeron aproximadamente 17,5 millones de barriles. La AAPG hablaba ya en 2014 de casi 17 millones de barriles acumulados.
De CAMPSA a Repsol y después a una compañía británica
La historia empresarial también es interesante. La concesión de explotación «Lora» fue otorgada en 1966 a CAMPSA, California Oil Company of Spain (CALSPAIN) y Texaco (Spain). Según el BOE, posteriormente se produjeron diferentes cesiones de participaciones. En 2008, la Compañía Petrolífera de Sedano, S.L.U. pasó a ser titular y operadora única de la concesión.
En los años noventa la explotación había pasado al entorno de Repsol, y posteriormente entró la compañía británica Northern Petroleum. En 2007, Leni Gas & Oil adquirió la totalidad del yacimiento y su filial Compañía Petrolífera de Sedano quedó encargada de la explotación. El BOE confirma que CPS terminó siendo la única titular y operadora de la concesión.
Esto también demuestra que la historia de Ayoluengo no puede reducirse a «España encontró petróleo y decidió no explotarlo». Se explotó durante décadas y pasó por manos de empresas españolas y extranjeras, pero las características geológicas del campo limitaron enormemente su potencial.
Incluso se intentó volver a aumentar la producción
Y aquí aparece otro capítulo bastante desconocido. En 2009, Compañía Petrolífera de Sedano, entonces vinculada a Leni Gas & Oil, presentó un proyecto para intentar aumentar considerablemente la producción mediante nuevas perforaciones, inyección de agua y técnicas de recuperación. La documentación ambiental llegó a contemplar como objetivo alcanzar a medio y largo plazo unos 8.000 barriles diarios.
El intento demuestra que el campo todavía se consideraba susceptible de investigación y mejora tecnológica décadas después de su descubrimiento. Sin embargo, la concesión terminó extinguiéndose. En enero de 2017, el Gobierno denegó su prórroga y posteriormente se inició el proceso de abandono y desmantelamiento de las instalaciones.
El final de Ayoluengo
La producción terminó en 2017, después de unos 50 años de explotación comercial. El Estado inició el proceso de abandono de los pozos y de las instalaciones, aunque posteriormente se reconoció el enorme valor histórico e industrial del conjunto.
En 2022, la Junta de Castilla y León declaró el campo petrolífero de Ayoluengo Bien de Interés Cultural, con categoría de conjunto etnológico. Hoy las estructuras que quedan son prácticamente un museo al aire libre de la historia petrolífera española.
Ayoluengo no convirtió a España en una potencia petrolera, pero demuestra que España sí exploró su subsuelo, encontró petróleo y desarrolló durante décadas una industria propia de extracción. La cuestión energética española nunca ha sido simplemente «tenemos recursos» o «no tenemos recursos». También depende de cuánto hay, dónde está, cuánto cuesta extraerlo, cómo se puede transportar y qué capacidad industrial existe para transformarlo.
Ayoluengo fue pequeño comparado con los gigantes petrolíferos mundiales, pero ocupa un lugar importante en la historia energética de España: fue la demostración de que bajo el suelo español también había hidrocarburos y de que el país tenía capacidad para buscarlos, extraerlos y aprovecharlos.
La clave está en la voluntad. Si realmente se persigue la independencia energética y buscar valores estratégicos que permitan reclamar la soberanía ante el resto del mundo, lo conseguirá. Es probable que de petroleo no vayamos sobrados, pero también hay carbón, Gas Natural, energías renovables y aliados estratégicos que puedan permitirnos no ser un gusano de la OTAN.

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